CAZUELA A LA CHILENA


EL asado de tira se vanagloriaba de que si se trataba de cazuelas a lo ancho del mundo no había nadie mejor que él.
El tapapecho lo contradecía –resultas caro fantoche, yo tengo la gracia de que aporto no sólo pa´cazuelas, sino para carbonadas, charquicanes, y se difruta conmigo de día y de noche.
El filete, los miraba por sobre el hombro sin entrar en disputa pueriles, se decía internamente “ordinarios, yo jamás iría a parar a una olla, sólo el horno garantiza caballerosidad y verdadera nobleza”.
El lomo vetado, tipo de pocas palabras, se dijo simplemente “cazuela… puaj, parrilla, sal y un fuego adecuado, eso es todo lo que necesita para qu un rey como yo se sienta bien tratado”.
Todo eso pasaba mientras el ossobuco que ajeno a todo esto, no se dio cuenta de un vejete que llegó pidiendo “algo para cazuela”, y se lo llevó porque todos los otros se escondieron, porque obvio, esperaban que fuera una buena moza la que se los comiera.
Habrían muerto de envidia si hubieran visto cuando el viejo sirvió la cazuela a su hija, una chiquilla más que linda que pidió permiso para poner sus labios en el hueso, y con un gesto de goce infinito le chupó completo el tutano.
Créanme que fue ése el mejor momento en la vida de ese ossobuco encachado a quien jamás le importó que lo consideraran ordinario.

MARTÍN FAUNES AMIGO © Derechos Reservados, 2016.


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