MATAR UN RUISEÑOR

Comentario de cine: NO HAY QUE MORIRSE SIN HABERLA VISTO

Revista Occidente me ha encomendado la tarea de escribir sobre cine, disciplina artística que siempre fascina. Será entonces un gusto comentar y recomendar cada dos meses, filmes no necesariamente actuales, pero sí de ésos que cumplen el requisito del título de esta columna. Son muchos, algunos antes de ir al cine fueron obras de teatro como “Muerte de un vendedor viajero” –Arthur Miller- o “Un tranvía llamado deseo” –Tennessee Williams-. Otros fueron novelas como “Al este del paraíso” -John Steinbeck-, “Por quién doblan las campanas” -Ernest Hemingway, “Lolita” -Vladimir Nabokov-, o “La danza de la realidad“ -Alejandro Jodorowsky-. Otros nacieron directamente como cine, como el caso de “Twins peaks” –David Linch- o la reciente chilena “El club” –Pablo Larraín-. Otros han venido del comics o de la series de TV, y algunos a su vez, han originado comics, series de TV, u obras de teatro.

Comienza esta colección de películas imperdibles con una nacida de una obra maestra publicada en 1960 por Harper Lee, ganadora del premio Pulitzer y que hoy se la considera un clásico de la literatura norteamericana. La protagonista es una niña precoz que vive con su hermano mayor y su padre, un abogado viudo, en un pueblo del sur de Estados Unidos donde el odio racial, la intolerancia y la exclusión de quienes no son neurotípicos lo cotidiano. La niña llamada “Scout”, se gana de inmediato el cariño del lector o del espectador en formato de cine, sin caer en las clásicas niñas bonitas, sabihondas o melancólicas de la literatura y el cine malo. La trama está escrita en base a un suceso que la autora conoció en su infancia y basa su éxito en que a pesar de tocar temas álgidos –racismo, violaciones, intolerancia-, logra hacerlo con un humor que no admite desdibujar sonrisas.

Matar un ruiseñor ha sido llevado también al teatro, se estudia en todas las escuelas norteamericanas y, al personaje del padre de la niña -Atticus Finch- interpretado en el cine por Gregory Peck, se transformó en referente ético en la vida estadounidense: un abogado que defiende a un hombre negro acusado de haber violado a una mujer blanca, y que lo hace de manera pertinaz a pesar de que los blancos del pueblo desean lincharlo, y el jurado está dispuesto a declararlo culpable sin importar si en realidad lo sea. Como film, Matar un ruiseñor ganó Oscar mejor actor (Gregory Peck), Oscar mejor guión (Horton Foote), Oscar mejor dirección (Robert Mulligan), y la niña, interpretada por Mary Badham se ganó el corazón de los espectadores.

Para quienes el nombre de Harper Lee pueda no serles familiar, se trata de la secretaria de Truman Capote que aparece interpretada por Catherine Keener en el film “Capote” protagonizado por Philip Seymour Hoffman. Es la que escribe una novela exitosa y provoca la envidia y la ira de su patrón. En la vida real, Harper Lee trabajó como secretaria de Truman y había sido amiga suya de niña. La autora lo muestra en su novela como un niño presuntuoso y fantasioso que dice haber ganado un premio por ser el niño más lindo de Alabama. Una anécdota que al parecer es verdadera.

Recientemente, invitado a la Feria del Libro de Lima, me encontré con un gran espacio dedicado a Harper Lee donde se anunciaba una nueva edición de su “Matar a un ruiseñor” y una grata sorpresa, una nueva novela suya llamada "Ve y pon un centinela", que espero comentar en alguna ocasión posterior.

MARTÍN FAUNES AMIGO © Derechos Reservados, 2016.

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El comentario del film “Matar un ruiseñor”, fue publicado en Revista Occidente, 2015, en su sección "PELÍCULAS QUE NADIE PUEDE MORIRSE SIN HABERLAS VISTO".


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