TERCIOPELO AZUL

Comentario de cine: NO HAY QUE MORIRSE SIN HABERLA VISTO

Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), dirigida por David Linch es sin duda otra de las películas que nadie puede morirse sin haberlas visto. En realidad, todas películas de Linch cumplen cabalmente los requisitos para ser incluidas entre aquellas imprescindibles. Todas nos dejarán pensando además en la existencia de mundos paralelos a éste donde hacemos nuestras vidas y reconocemos como normal, forzándonos a la pregunta “qué se puede considerar normal si tras esta normalidad es posible la existencia de otros mundos oscuros cuyos habitantes que difícilmente vemos pero intuimos, desde sus realidades, deben considerarlos de normalidad equivalente a la que nosotros asignamos a nuestro mundo, sumando a esto que, tal como nosotros, esos habitantes oscuros y surealistas, seguramente deben consideran a nuestro mundo como anormal”.

En la localidad suburbana de los Estados Unidos llamada “Lumberton“, donde acontece la trama de Terciopelo azul, todo es bello e incluso diáfano. Es un mítico lugar donde nadie bota basura ni dice palabras soeces, los petirrojos se posan en las ventanas, la gente es en extremo amable y las niñas son todas bonitas y tienen padres que las cuidan y se preocupan de que sus novios sean muchachos estudiosos y decentes. Desafortunadamente esa normalidad idílica se trunca o al menos se interrumpe cuando en ese mundo normal, el muchacho decente, Jeffrey (MacLachlan), novio de la típica niña bonita norteamericana Sandy (Dern), se topa con un submundo oscuro, siendo el vínculo que surge para unir ambos mundos, una oreja humana que Jeffrey encuentra en el suelo de ese paraíso suyo idílico y normal. Es a partir de entonces que Jeffrey y su cándida novia deambularán entre su mundo y ese mundo distinto y desalmado, donde la corrupción, el sadomasoquismo, la drogadicción, el rapto de niños, la extorsión y la esclavitud sexual están presentes como una constante, en un thriller de tipo psicológico que en ningún momento permitirá que el espectador pueda distraerse.

Pasarán así por la pantalla la ingrata vida de una cantante de lugares baratos, Dorothy Vallens (Rossellini) que ha sido esclavizada y convertida en objeto sexual por el psicópata Frank Booth (Hopper), un jefe mafioso admirador de las baladas de los sesenta, tipo oscuro de personalidad narciso/perversa agravada con extrañas tendencias sexuales. Pasará también por la sombría pantalla el insensato empeño de Jeffrey por indagar en esa cloaca donde los valores nada tienen que ver con los de su mundo. Pero pasará, por sobre todo la disyuntiva en que el joven se debatirá: entre el cándido amor con la niña ingenua y el deseo exuberante con la mujer masoquista esclavizada. Son todos elementos que consiguen que este film coproducido por Dino De Laurentiis, tal vez el más modesto en lo económico que este director haya realizado, se transforme en una obra maestra, entendiéndose que para eso hay que considerar varios otros elementos como un humor negro que en ningún momento desmerece la condición de thriller del film, una estética sombría que se transformará en elemento inconfundible de todas las películas de Linch, un exacerbado guiño a los estereotipos de los cincuenta y sesenta con bizarros personajes haciendo fono mímicos de canciones como "Terciopelo Azul" . Todo esto, sin dejar de lado la genialidad del director, ni la experiencia y versatilidad de Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern y Hope Lange.

Terciopelo azul, fue nominada Oscar a la Mejor Dirección, pero como ocurrirá con muchas de estas películas imprescindibles de verse antes de morir, se quedó sólo en la nominación, circunstancia que a este realizador le debe haber causado gran molestia. Molestia sin embargo, sólo en lo inmediato ya que es gracias a esta película que Linch comienza a ser considerado como un director de culto.

MARTÍN FAUNES AMIGO © Derechos Reservados, 2016.

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Se dice que el hallazgo de aquella oreja en el césped, sería una idea sacada por Linch desde el film de Buñuel “Un perro andaluz” (1929), un cortometraje surealista que este director realizara en colaboración con Salvador Dalí, que ha sido fuente de inspiración para Linch. Esta idea tomada es entonces un homenaje a su maestro
"Terciopelo azul" (Blue Velvet), la canción que le da el nombre a esta película, fue grabada a comienzo de los sesenta por Roy Robinson y por Bobby Vinton, siendo éste un elemento que se repetirá en sus otros filmes como es el caso de “Corazón salvaje”, donde el guiño se hace a películas y canciones de Elvis Presley.

El comentario del film “Terciopelo azul”, fue publicado en Revista Occidente, 2015, en su sección "PELÍCULAS QUE NADIE PUEDE MORIRSE SIN HABERLAS VISTO".


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