Tranvía equivocado

DEJA QUE MARQUE estos días lentos, tedio de aguas tranquilas. Semanas y meses por un embudo coaguloso que los demora atrapándolos y los detiene burlándose de mis añoranzas y de tus equívocos.
Permite amigo que vaya haciendo cruces en tu calendario para dar cuenta del paso de estas jornadas cada una más gris que la otra,
así espero acortarlas o saber al menos cuántas son las que nos restan.

Marcaré los lunes por ejemplo, pues fue un lunes cuando vinieron a engrillarme y me arrojaron a este agujero negro condenado nada más que a recordar.
También un lunes encontré sobre la cama su nota y junto a ella esta prenda de vestir que había sido suya y no me atreví a echar al basurero.
Iluso, pensé que si alguna vez volvía, iba a ser grato entregársela.

Haré una cruz en cada martes para traer hasta acá todo lo calmo que eran, cerca de la mitad de la semana.
Quisiera hacerlo aunque ahora no haya diferencias y todos los días sean calmos.
Un martes después de ya no sé cuánto tiempo, descubrí que esa ropa suya olvidada yo también podía usarla.
Sí, tal como escuchas, así tan pequeña y suave como la vez y como quisiera contarte también que era su dueña. La eché al bolsillo como si hubiera sido mi pañuelo.

¿Travesti? No amigo, no soy un travesti, no te equivoques.
Me has descubierto con esta prenda que pertenecía a mi mujer pero deberías considerar que no la llevo puesta.
¿Amuleto?, eso estaría más cercano a la realidad aunque nunca lo haya pensado de ese modo. Tal vez tengas razón: ¿de qué otra forma podría llamarse a algo que se lleva en el bolsillo y aunque pareciera no servirte para nada es capaz de sacarte las penas y te lava la hiel de la garganta?

Marcaré los miércoles, todos los miércoles que vayan pasando.
Un miércoles me fui de parranda y en medio de la borrachera uno de mis compañeros se atrevió a contarme que mi mujer no era de las buenas.
Cómo iba yo a creerle si nunca hubo cosas escondidas, jamás una mentira, nada que nos rompiera la confianza.

¿Coqueta? Sí mi amigo, ella era una mujer coqueta.
Te debo aclarar, sin embargo, que eso era de lo suyo lo que a mí más me gustaba. ¿O conoces algo mejor que una mujer coqueta?

Los jueves si me permites los marcaré también.

Cada jueves que pase lo encerraré en un círculo figura que como nosotros no tiene rincones ni salidas.
Un jueves en que ya no pude seguir aguantando, salí a buscarla como un loco. Recorrí calles, rumbos sin rumbo, me tuve que conformar pateando tarros y piedras.

Viernes, días de pago. Salíamos a tomar cerveza porque el vino es bebida para tomarla entre hombres.
Noches alegres eran las de los viernes, nos reíamos y reíamos, no necesitábamos pretextos.
Era risa de cerveza sin sorna, risa esperando el momento de volver. Es que la vuelta a casa era siempre lo mejor.
No me interesa recordar el aroma del perfume que usaba o el de su agua de colonia,
el olor que ella tenía esas veces, viernes de vuelta, es el que ahora intento rescatar de su ropa que como ves,
no uso de pañuelo ni enjugo en ella mis lágrimas.

Un viernes terrible en que nada me importaba cuando menos imaginé que ocurriría me la topé de frente.
Fue como si me hubieses puesto un saco en la cabeza porque enceguecí.
Sólo pude ver una nebulosa rojiza y a ella y a su perdición en medio.
Me fui encima suyo, el tipo que la venía acompañando no pudo detenerme.
Antes de esa vez amigo, jamás había usado un puñal.

Y para lo sábados ni cruces ni círculos, los pintaré de negro para hacer que desaparezcan y así restarlos uno por uno a mis quince años y un día.
Podré saber también de este modo cuántos sábados más tendré que estar aquí contigo que porque me has descubierto con la ropa de mi mujer te equivocas creyendo que soy un travesti.
¿Acaso ves pintadas pintadas mis uñas?, ¿maquillajes?, ¿vestidos?,
¿o crees que basta ir de azul para transformarse en marinero?
No amigo, que no te engañen las apariencias.
¿Por qué no me cuentas en confianza?, ¿No serás acaso por casualidad tú el travesti?

Los domingos que aparecen rojos en el calendario para nosotros eran blancos, palomas mensajeras.
Solíamos ir a misa a la catedral y después a dar un paseo por la plaza de La Serena, ésa del sol diáfano.
A ella le gustaba que la vieran y yo quería mostrársela a la gente, a los amigos. Es que estaba orgulloso créeme, muy orgulloso.

Como ves compañero yo la amaba.
La amaba y ha pasado tanto tiempo. Mi ropa interior si te fijas es de tocuyo, del algodón más áspero. Ni pima ni tangüis, saco harinero.
En la suya que olvidó sobre la cama nada queda del olor que ella le había impreso.
Ya lo aspiré todo restregando el rostro por sus forros, por todos sus recovecos. Ya me embriagué mil veces oliendo su aroma a deseo.
Se han raleado sus tejidos por las caricias que le he hecho imaginando que en vez de su ropa acariciaba los lugares que más amaba de mi propia mujer.

Marcaré también los domingos porque ya sé que no te importa. Les haré una línea diagonal que los indique descartados.
Lo haría en mi propio calendario si tuviera alguno pero como puedes darte cuenta no tengo grandes pertenencias.
A parte del catre fiscal y de la ropa que me pongo, sólo me queda esta prenda de vestir que ya ves como era suya.
Es que ya no tengo a mi mujer, amigo, ni tengo tampoco su aroma, sin embargo juego a imaginarla, es la manera que tengo de despertarme los sentidos, a ese castigo he querido sentenciarme.

Como habrás notado, lo que menos tengo es de travesti.
Si ellos a ti te gustan es un problema cuya solución tendrías que buscar en ti mismo.
Nada habrá que este compañero de la sombra pueda hacer al respecto.
Si el Ferrocarril Oeste andabas buscando, te recuerdo que paró el sesenta y ocho, lo desmantelaron.
Aún podrías ver el resto de sus rieles allá por Matucana por Lourdes o por San Pablo,
aunque para eso tendrían que darte alguna libertad que no sé si merezcas.
Mientras tanto aquí estamos, encerrados en esta cripta de barrotes,
pájaros grises sin derecho al viento.
El tranvía que tú necesitas quizá pase por otra galería,
en lo que a mí respecta voy a quedarme en esta estación.

MARTÍN FAUNES AMIGO © Derechos Reservados, 2016.

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El poema “Tranvía equivocado”, aparece en el libro del mismo nombre (Tranvía equivocado, M.Faunes, Cuarto Propio, 1993)
La ilustración es parte de la portada del libro de María Carolina Geel "Cárcel de mujeres" (Zig-Zag, 1956), a quien se rinde un homenaje.


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